Generosidad: ¿qué es y cómo practicarla a diario?

¿Sabías que la generosidad puede ser más beneficiosa para quienes ayudan que para quienes reciben ayuda?

1. 10 formas sencillas de convertirse en una persona más generosa
1.1. 1. Considere los beneficios de la generosidad
1.2. 2. Abraza la gratitud
1.3. 3. Empiece con poco
1.4. 4. Done antes de gastar
1.5. 5. Desviar un gasto específico
1.6. 6. Financia una causa basada en tus pasiones.
1.7. 7. Pase tiempo con personas necesitadas
1.8. 8. Sea minimalista

La generosidad es una cualidad que te lleva a ser amable, desinteresado y solidario con los demás. Si bien se trata de actos que tienen como objetivo beneficiar el bienestar de los demás, también es capaz de aumentar nuestro propio bienestar.

Sorprendentemente, algunos experimentos y estudios han demostrado que hacer donaciones sin esperar nada a cambio induce un sentimiento de felicidad más que recibir dinero. Pero, aunque este resultado parece contradictorio, hay una explicación muy sencilla: según un estudio de la Universidad de California, en Estados Unidos, la generosidad está relacionada con niveles más altos de oxitocina, conocida popularmente como «la hormona del amor».

La oxitocina es un neurotransmisor natural que se expulsa principalmente durante el parto, el sexo, la lactancia y otras situaciones que involucran cariño y afecto, como al acariciar a una mascota y abrazar a amigos o familiares.
10 formas sencillas de convertirse en una persona más generosa

1. Considere los beneficios de la generosidad

Las personas generosas informan estar más felices, más saludables y más satisfechas con la vida que las que no lo son. La generosidad produce en nosotros la sensación de que somos capaces de marcar la diferencia en el mundo, que estamos atendiendo activamente las necesidades de las personas que nos rodean y que estamos transformando nuestra comunidad en un lugar más saludable.

Aunque se ve como lo opuesto al interés propio, contar los beneficios personales de la generosidad es uno de los pasos más importantes para comenzar.

2. Abraza la gratitud

Haz una lista de las cosas de tu vida por las que estás agradecido. Tu lista no tiene por qué ser larga. No tardará mucho y, de hecho, ni siquiera tiene que ser una lista física.

A veces, el paso más importante que puede tomar para ser más generoso es dedicar más tiempo a pensar en lo que ya tiene y menos tiempo a pensar en lo que no tiene, lo que puede incluir o no posesiones materiales.

Da gracias por las personas que amas, por el buen trabajo que haces, por la cómoda casa en la que vives. Cuando piensas de esa manera intencionalmente, el deseo de compartir lo que tienes con los demás surge de forma natural.

3. Empiece con poco

Si nunca ha donado, comience con valores bajos. No hay nada de que avergonzarse. Un valor considerado bajo para usted puede significar, para otra persona, la diferencia entre comer o no comer hoy.

Con el tiempo, es posible que notes que esos cinco, diez, cincuenta o cien reales realmente no marcan la más mínima diferencia en tu vida, lo que te dará un impulso para aumentar poco a poco tu grado de generosidad.

4. Done antes de gastar

Cuando reciba su próximo pago, convierta su primer gasto en un acto de donación. A menudo, esperamos para ver cuánto tenemos antes de determinar cuánto podemos dar. El problema es que, la mayoría de las veces, después de que empezamos a gastar, no queda nada. El hábito de gastar todo esto está profundamente arraigado en nuestras vidas. Para neutralizar este ciclo, dona primero.

5. Desviar un gasto específico

Durante un cierto período de tiempo (pruebe con 29 días), desvíe un gasto específico a una organización benéfica de su elección. Puedes optar por traer un almuerzo.

ir al trabajo, ir en bicicleta al trabajo una vez a la semana o renunciar a su cafetería favorita los lunes. Calcule el dinero que ahorrará y luego rediríjalo a una organización benéfica o causa específica.

6. Financia una causa basada en tus pasiones.

Existen numerosas organizaciones benéficas y causas que necesitan su apoyo. Y algunos de ellos están directamente alineados con sus pasiones más atractivas. ¿Sobre qué eres más apasionado? ¿Es el medio ambiente, la pobreza o la religión? ¿Quizás sea la paz mundial, la nutrición infantil o los derechos de los animales? ¿Qué pasa con la educación, los derechos civiles o el agua potable?

Identifica las pasiones que ya forman parte de tu vida, encuentra una organización comprometida en torno a esa causa y luego estate dispuesto a ayudarla. ¡Abundan las buenas opciones!

7. Pase tiempo con personas necesitadas

Uno de los antídotos más efectivos contra la falta de generosidad es hacer espacio en tu vida para aquellos que realmente necesitan tu ayuda. Una de las formas más sencillas de hacerlo es ofrecer una comida.

8. Ser minimalista

Vivir una vida minimalista no te convertirá automáticamente en una persona más generosa, pero te proporcionará el espacio necesario para hacerlo posible. Además de reducir el consumo de artículos innecesarios, que es una actitud sostenible, puedes destinar tu dinero a mejorar la vida de alguien necesitado (ya sea un ser humano, una organización o un animal abandonado).

Los adultos son más generosos en presencia de niños, revela una investigación

La mayoría de nosotros creemos que los seres humanos tienden a ser más amables con los niños que con los adultos. Algunas investigaciones confirman esta suposición, mostrando que estamos más atentos a los niños y que este efecto se extiende incluso a los adultos con rasgos parecidos a los de un bebé.

Dados estos resultados, los investigadores de la Universidad de Bath y la Universidad de Cardiff, Reino Unido, se propusieron investigar si el efecto emocional inspirado por la presencia de niños también puede motivarnos a ser más proactivos socialmente, por ejemplo, llevándonos a donar más para organizaciones benéficas y de derechos humanos.

En ocho experimentos con más de 2.000 participantes y un gran estudio de campo, encontraron que sí: los adultos son más generosos y compasivos cuando los niños están presentes.

Los investigadores sugieren que iniciativas como el “Parlamento de los niños”, que tiene como objetivo introducir a los niños en espacios tradicionalmente adultos, podrían tener una profunda influencia en la toma de decisiones de los adultos en la sociedad.

Creen que estas iniciativas no solo proporcionan un beneficio obvio e importante a los niños, sino que también provocan una orientación prosocial en la sociedad en general que puede beneficiar a todos.

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